Mochileando por Chile. Día 14: Ultimo día en Atacama. Geysers del Tatio y Museo Gustavo Le Paige

¡Buenas noches de Sábado, calderer@s!

Continuamos con nuestro relato viajero por tierras chilenas, al que le queda ya muy poquito pues en esta entrada contaremos nuestro último día en el desierto de Atacama, antes de la vuelta a Santiago.

Precisamente por ser nuestra última jornada decidimos aprovecharla al máximo, aunque eso significara estar a las 4 de la mañana de la helada noche del desierto, en la puerta del hostel esperando a que viniese a recogernos una furgoneta. Como esa noche ya no volveríamos a dormir allí teníamos que dejar el cuarto listo y las mochilas recogidas y entregar la llave a la recepción de hostel, aunque pudimos dejar nuestro equipaje en una bodega todo el día.

¿Y por qué teníamos que estar a las 4 am en la puerta del hostel?

Pues porque la excursión que teníamos planteada era precisamente la de ver amanecer en los geysers del Tatio, hora en la que este gigantesco campo de geysers tiene una mayor actividad. Se trata del 3er campo de geysers más grande del mundo aunque la altitud de su fumarolas no suele llegar a un metro de altura. (Aunque para eso ya vimos super geysers en Islandia). Pero si queremos hablar altura podemos comentar los 4320m. por encima del nivel del mar a los que se encuentra el Tatio, lo cual entre el madrugón y el cambio de altitud, hace que se sienta uno mareado durante una buena parte de la mañana.

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Amanece en el Tatio

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El nombre de Tatio significa en el dialecto atacameño “el abuelo que llora” y la historia que nos contó el guía decía que era por una montaña que tiene una silueta que parece el perfil de un hombre anciano.

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El abuelo que llora

Aunque al contrario que en otras excursiones, donde los guías se notaba que controlaban y sabía muy bien de lo que estaban hablando, en este caso el tipo de información que nos ofrecían dejaba bastante que desear. Más bien comentarios jocosos que información real. Pero realmente nos daba igual pues el entorno en el que estabamos era tan maravilloso que no nos hacia falta información que luego podíamos buscar.

Las fumarolas nos trajeron recuerdos de nuestro viaje a Islandia, fue como si mágicamente nos hubiéramos transportado de nuevo a Namafjall con ese olor azufre inconfundible, solo que todo el mundo al rededor hablaba español.

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fumarolas

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No hemos contado que por el camino viniendo hacia el Tatio, la camioneta que nos llevaba se recalentó dos veces, por la fuerte subida de la carretera. Fue muy entretenido, en la noche cerrada, en mitad del altiplano andino, y el chófer y el guía usando el agua del desayuno en enfriar la camioneta. Pero finalmente conseguimos llegar, porque el chófer (que era un crack) encontró una fuente que el conocía en un poblado abandonado donde consiguió agua suficiente para el resto del camino.

Sin embargo, no por esto nos quedamos sin desayuno. El guía nos lo preparó todo sobre unas rocas. Había mate de coca para aliviar el mareo de la altura, s y lo mejor de todo ¡¡¡HUEVOS COCIDOS!!!! Me encanta desayunar huevo, pero encima hacerlo rodeada de un paisaje como aquel es que me parecía ya casi surrealista. 🙂

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El Tatio

Aunque realmente desayunar no era tarea fácil, pues quitarse los grados a -15 grados  no era ninguna tontería. Alguno de los turistas que viajaban en nuestra misma furgo tomaron medidas para poder disfrutar de su desayuno sin perder los dedos.

Otro efecto inmediato a nuestro desayuno fue la llegada de varias gaviotas andinas, en busca de cualquier migaja que se nos pudiera caer a los humanos que allí estábamos comiendo también.

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En 2008 se intentó instalar en este área una planta geotermal que acabó en un accidente un año después cuando la estación explotó debido a un recalentamiento expulsando un chorro de vapor de más de 60 metros de altitud que tardó casi un mes en ser controlado. Desde entonces no parece que vayan a empezar ningún otro plan de explotar el Tatio.

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Restos de la planta geotérmica al fondo.

Conforme se abría la mañana llegaba el momento de la visita a la piscina termal del Tatio. No fue fácil decidirse a quitarnos la ropa a -15 grados de temperatura para meternos en el agua, pero…¿cuando íbamos a volver alguna vez a este lugar?

Además recordábamos el relax de las piscinas termales en Islandia, en las que disfrutabas aunque fuera hiciese muchísimos grados bajo cero, y finalmente nos animamos.

¡ERROR!

El agua NO ESTABA NADA CALIENTE!!!!!! No es que estuviese helada como en la laguna Cejar, pero tampoco estaba a 38º. Sólo en un rinconcito,  salía el agua realmente caliente pero se apelotonó la gente y a penas te llegaba un poquito de agua templada.

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piscina termal Tatio

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Lo más difícil fue volver a vestirse pues los cambiadores eran 3 pareces con una puerta de madera que dejaba pasar el aire, y el temblor incontrolable del cuerpo con el agua congelándose en la piel dificultó bastante el quitarse el bañador, quitarse el lodo de la piel y volverse a vestir.

La verdad es que luego se me quedó el cuerpo super relajado, pero también pasaba en Islandia, y luego no había que vestirse a temperatura ambiente! Demasiado frío para un alma andaluza. 😛

Nuestro viaje de vuelta nos regaló algo con lo que no contábamos, varias visitas de distinta fauna andina y unas vistas del altiplano nevado que hasta el guía paro la furgoneta para hacer fotos porque nunca lo había visto tan bonito.

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Paja brava

chile-dia-14- chile-dia-14-Tuvimos la suerte de ver vicuñas, un zorro andino, las rarísimas viscachas o chinchillones, (especie de conejo gigante con cola larga) y algunas aves.

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viscachas
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zorro andino
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vicuñas

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Tantas cosas vistas y aún no eran si quiera las 10 de la mañana cuando emprendíamos el camino hacia la aldea de Machuca, nuestra parada de descanso antes de continuar hacia el fin de nuestro viaje.

Por el camino la carretera (sin asfaltar) nos regaló imágenes como estas:

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Altiplano chileno

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La aldea de Machuca se encuentra a unos 80km al norte de San Pedro de Atacama, situada todavía a 4000m. de altitud. Está prácticamente despoblada y sus escasos habitantes se dedican a la agricultura, al pastoreo y al turismo cuando llegan camionetas.

Las construcciones de adobe y los techados de paja son comunes a la escasa docena de casas que es el pueblo. Es un lugar peculiar, y en las pocas personas que nos cruzamos vimos en los ojos ese mirar de alguien que vive en un sitio remoto, para quien todo lo foráneo es un poco extravagante. Nos recomendaron no fotografiar a nadie sin pedir permiso antes, pues suelen molestarse.

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Machuca
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Iglesia de Machuca

La principal atracción del pueblo es su peculiar iglesia de paredes de adobe encaladas y techo de madera de cactus cubierta de paja.

Otra cosa que podemos hacer es probar la carne de llama que tiene un sabor fuerte, parecido al cordero, en unos anticuchos a la brasa. ¡A mi me pareció deliciosa!

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anticuchos de llama a la brasa
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Brocheta de carne de llama

Esta fue nuestra última parada antes de volver de regreso a San Pedro de Atacama.

Como casi no habíamos hecho turismo dentro del pueblo, pues sabíamos que nos sobraría tiempo el último día, decidimos visitar el Museo de Gustavo La Paige que la guía Lonely Planet recomendaba visitar “incluso si no te gustan los museos“.

Realmente nos pareció muy interesante, pero desde luego no es un sitio al que ir si no te gustan los museos pues la variedad de la exposición es bastante limitada. Aun así, esta vez no nos afectó este mal consejo de la guía, pues la verdad es que nosotros sí que somos bichos de museo.

Gustavo La Paige fue un sacerdote jesuita Belga que dedicó 25 años de su vida a la investigación del legado cultural acatameño. Si habéis leído “La Casa de los Espíritus” es uno de los personajes que aparece en el libro.

A la entrada del museo podemos encontrar una estatua del sacerdote arqueólogo y una artilugio la mar de curioso. Un solmáforo.

Era la primera vez que veíamos una cosa así. Se trata de un indicador de luz que avisa del riesgo de radiación ultravioleta en la zona. Cuando llegamos estaba en “riesgo extremo” y otras veces lo vimos en “peligroso” pero nunca por debajo de “alto”.

Esto es para que os hagáis una idea de cómo se sufren en otras latitudes los efectos del agujero en la capa de ozono, el cambio climático, y todas esas cosas, que según algunos se inventaron los ecologistas en los 80.

Una vez en el interior del museo empezamos el viaje a través del tiempo y a través de las distintas salas de este museo octogonal donde hasta hace poco podían contemplarse las momias de licanantai muy bien conservadas, pero que han sido retiradas por petición de las comunidades indígenas.

En el museo podemos encontrar principalmente cerámicas, y tejidos, además de una colección de artefactos que empleaban los chamanes en sus rituales. También hay una sala a parte que expone distintas piezas de oro.

A la salida del museo nos encontramos con una especie de homenaje al museo, que nos dejó totalmente anonadados. La gente emocionada hablaba sobre la importancia del museo en la conservación del legado atacameño y después realizaron este extraño baile. Una especie de cueca con extravagantes atuendos:

Tras este, para nosotros impactante espectáculo, (sobre todo teniendo en cuenta que le estaban bailando a una estatuilla de una virgen), nos fuimos de camino al hostel, donde teníamos nuestras mochilas. Preguntamos si podíamos cambiarnos (pues llevábamos ropa de abrigo de las 5 am en el Tatio, no para el sol de medio día del desierto) y ya de paso si podíamos usar la cocina. Amablemente nos dijeron que sí a todo. Nos sacaron las mochilas y estuvimos en el albergue hasta las 5 de la tarde, hora a la que habíamos quedado con el colectivo para que nos recogiera.

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Atardece sobre el Hostal Sonchek

Caía el sol sobre San Pedro de Atacama y aún nos quedaba un viaje en coche hasta Calama, un vuelo de 2000km y un buen rato de trayecto en colectivo hasta el hogar dulce hogar de nuestros queridos anfitriones, a los que en realidad ya teníamos ganas de volver a ver.

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¡Adiós Licancabur!

7 Comments

  1. Ia no puedo leer esta pagina no se que le pasa pero me dice que no pueden encontrarla. Lo intentare luego

  2. Uff me da frío de leerte. Pero seguro que mereció la pena.

  3. Que maravillosa escapada. Me encantan las fotos , los animales que me descubrís, el paisaje casi extraterrestre, la sensación de helarme con el bañador puesto, el mareo por la altura y la sensación de comer entre el frió y el olor a azufre. Ah! ahora comprendo por que a ti el virus no te ha afectado… ¿crees que algún virus va a intentar entrar en tu organismo después de bañarte a menos quince grados? anda ya ja ja. Eres la mejor, que orgullosa estoy de ser tu mami.

  4. ¡¡¡¡Genial!!!

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