Mochileando por Chile. Día 9: Murales de Valparaiso y Playa de Quintay.

El segundo día que pasamos en Valparaiso era domingo, por lo que las calles estaban llenas de mercadillos de cachureos.

Es impresionante las cosas que puedes encontrar juntas en un mismo puesto en la calle: un taladro, una plancha, un metro, un fax antiguo, un joystick de ordenador, una sandwichera, piezas sueltas de ropa, tazas de té, maquinillas de afeitar, libros, cámaras antiguas…y un largo etc. de cualquier cosa que uno pueda imaginar.

No nos paramos mucho en estos puestos en cambio, aunque nos llamaban poderosamente la atención, puesto que íbamos a subir al conocido ascensor Polanco para luego bajar el cerro admirando los murales de graffitis que adornan las calles.

El Ascensor Polanco es, propiamente dicho, el único ascensor de la ciudad, pues se desplaza de manera vertical mientras que los demás elevadores siguen en su recorrido la silueta del cerro.

Una peculiaridad de esta construcción es el larguísimo tunel de piedra que conecta la calle con el ascensor propiamente dicho que asciende luego 60m en vertical.

A medio camino entre la entrada inferior y la cúspide, hay una estación intermedia, por lo que, cuando uno baja a la calle, no tiene la sensación de que el ascensor sea tan alto, sin ser conscientes de que realmente entramos en la falda del cerro por una entrada diferente, y que gran parte del ascenso se hace por dentro de la tierra.

Las vistas desde el ascensor son típicamente “valparaisticas”, casas y casas de diferentes alturas, colores, materiales, y cerros y más cerros salpicados de confetti urbanístico.

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Vista desde ascensor Polanco

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Vista desde Ascensor Polanco

Pero si la subida al ascensor está curiosa, mucho más espectacular es la bajada que se hace a través de un barrio cuyas calles son pasillos de un museo de arte de callejero. Incluso si no os gustan los graffitis os recomiendo que echéis un vistazo a las fotos porque algunos murales eran increíbles.

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Murales en Valparaiso
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Pachamama
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Esencia del Mar

Con los ojos llenos de colores vivos y de criaturas fabulosas alcanzamos la base del cerro y comenzamos nuestra misión de encontrar la para de los colectivos hacia el pueblito costero de Quintay, al dur de Valparaiso.

Por el camino pasamos ante la estación de trolebuses, el transporte más carismático de la ciudad. Se trata de los trolebuses en activo más antiguos del mundo pues llevan traqueteando por las calles de adoquines desde 1947 y han sido declarados monumento nacional.

Finalmente después de dar varias vueltas, conseguimos enterarnos de donde está la parada de bus hacia Quintay, y también donde están los colectivos.

No estamos hoy de suerte pues, el bus salía casi más caro que un colectivo si lo compartíamos con otra persona más (sí, aunque sea un viaje de 45min, meten a 5 personas más el conductor en el coche sin problema.) y además teníamos que esperar más de una hora a que saliera por lo que se nos iba a quedar la mañana muy corta en Quintay.

Por otro lado, ninguno de los colectivos que había en la parada iba a Quintay. Nos sorprendió que los conductores fueron muy amables y llamaron al único conductor que hace el trayecto Valparaiso-Quintay para ver cuanto le quedaba para volver y él les dijo que aún no tenía el colectivo con gente y que por lo menos otra hora iba a tardar, más los 45min que se tardan en llegar a recogernos, más de vuelta para allá, se nos hacía la espera imposible.

Finalmente, ya nos habíamos resignado a tomar el bus cuando apareció una mujer que también iba hacia Quintay y uno de los conductores de colectivos se animó a llevarnos a los 5 por un buen precio y es que llevábamos allí tanto rato esperando que el hombre se apiadó de nosotros.

También fue un buen negocio para él, pero a nosotros nos solucionó la mañana pues tendríamos que haber esperado a tomar el bus a la hora que estábamos llegando a Quintay al llevarnos él. El señor, de lo más dicharachero nos puso una canción en el coche para entretenernos y nos dió consejos de cosas que visitar, donde comer y como llegar a esos sitios. ¡Fue todo un crack! Para que os hagais una idea del tipo de personaje, aquí os dejo la canción que nos puso en el coche, titulada “¡Me gusta el vino!”

Quintay, como ya hemos comentado, es un pueblito costero al sur de Valparaiso al que se llega siguiendo la carretera 68. Hay que tener en cuenta que la carretera que llega a Quintay, acaba en Quintay, por lo que no podemos planear una ruta a otras localidades sin tener en cuenta que hay que darse la vuelta.

La llegada a la caleta de Quintay es muy pronunciada y el espacio de aparcamiento super reducido. Así que si vais a visitar el pueblo en verano o durante unas vacaciones populares, igual lo suyo es plantearse dejar el coche en los aparcamientos que están más altos, para no verse encerrado en la mini rotonda que llega a la caleta.

La caleta de los pescadores está rodeada de casas antiguas, muchas de las cuales son ahora restaurantes de pescado y marisco, o escuelas de buceo. Los fondos marinos de esta zona están llenos de riqueza y vida, pero como os imaginareis, el tiempo de invierno nos disuadió de intentarlo si quiera.

Lo primero que captó nuestra atención, y que hizo que el viaje y la espera hubiera merecido la pena incluso en los primeros 5 minutos de estar en Quintay fue la horda de pelícanos y otras aves marinas que nos encontramos revoloteando en las aguas de la caleta. Cazando, pescando, o simplemente aprovechándose de los desperdicios de pescado que dejan los pescadores.

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Pelícanos en caleta Quintay
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Pelícano en Quintay

Después de quedarnos un buen rato embobados mirando los pelícanos, decidimos ir a visitar el Centro de Investigaciones Marinas de Quintay. Se trata de una antigua fábrica ballenera que se ha recuperado precisamente con la intención de proteger a esta y otras especies marinas en peligro de extinción.

El centro tiene una sala de exposiciones que pone la piel de gallina con antiguas fotografías que muestran como se despiezaba a estos gigantes marinos y que nos hablan del horroroso olor que impregnaba cada objeto y persona del pueblo y que jamás se iba, por muchas veces que uno se lavara.

Otra exposición, más esperanzadora muestra obras de arte relacionadas con la ballena, algunas de ellas de gran espiritualidad. Podéis ver la algunas de ellas aquí: http://luciafernanda.cl/quintay.html

Por cierto que Lonely Planet no menciona siquiera este lugar, la ex-ballenera más grande de Chile, y como si no estuviera ahí.

¡Cuantas cosas hemos hecho en una sola mañana!

Pero ya va siendo la hora de comer, ¿no os parece?

A nosotros sí que nos lo parecía, y rodeados de marisquerías como estábamos, nos daba mucha pereza decantarnos por la típica empanada pero ya sabéis que un mochilero lleva siempre el presupuesto justo…(aunque si hay que jugar se juega…) En esto estábamos cuando nuestro gran anfitrión Softman nos sorprendió anunciando que nos invitaba a la conocido restaurante Miramar, que tanto nos habían recomendado las gentes por la relación calidad precio, para celebrar su recién adquirido contrato laboral, después de largos años de crisis de vuelta en la madre patria. ¡Qué sorpresa! ¡Y cómo negarnos! (Aunque se intentó) Pero nos habríamos perdido las DELICIAS CULINARIAS que la cocina chilena nos brindó esta vez.

Empezaremos el banquete con unos locos, una especie de lapa gigante, de carne suave y sabor delicioso muy apreciados en Chile y en Perú. A primera vista puede parecer que son demasiado grandes para estar buenas, pero os aseguro que están deliciosos.

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Locos (moluscos)

Seguiremos con una reineta fresca a la plancha (o a la brasa, porque tenía un sabor…), un pescado blanco de carne jugosa y sin espinas que tiene un sabor delicioso. ¡Sobre todo así de fresco!

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Reineta a la plancha

Y por último, casi casi podríamos decir que el plato estrella, unas machas a la parmesana servidas en cuenco de greda y simplemente deliciosas. Comiendo este plato surgió la idea de preparar las machas de esta manera, pero acompañando un plato de pasta, y es mi intención en breve hacer el experimento. No será lo mismo con las machas de lata compradas en el Alcampo, pero es lo que hay. 🙂 Ya os contaré. (¡Gracias rastossa por la idea!)

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Machas a la parmesana en cuenco de greda

Y para terminar, un tesecito para luchar contra el sueño tras la comilona, pues todavía queríamos volver a subir la empinada cuesta que baja a la caleta para tomar el desvío del retén de carabineros hasta que encontrásemos la senda que lleva a Playa Chica.

Otra de las grandes decepciones que nos dio la Lonely Planet de Chile fue que ni siquiera mencionara la posibilidad de visitar Playa Chica, y hablara solo de una playa de 1km de arena blanca que hay justo al otro lado del pueblo, que está muy bien conservada, pero que está construida de bloques de pisos al rededor.

Playa Chica es lo más parecido que he estado nunca a las sensaciones que pudieran tener los primeros conquistadores españoles cuando pisaran tierra americana por primera vez. La playa esta rodeada de roca formándose una laguna en su interior y está rodeada de una densa vegetación.

Nos pareció un poco un paraíso en la tierra.

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Playa Chica, Quintay
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Alga cochayuyo. Playa Chica. Quintay
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Cochayuyo
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Colina en Playa Chica.
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Playa Chica
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Campanillas de playa en playa Chica

Finalmente cae la noche mientras estamos aún enamorándonos de esta calita que tanto la chica de información turística de Valparaiso, como el conductor del colectivo nos habían recomendado, y que la Lonely Planet no se molestaba ni en mencionar como opción.

El atardecer se queda grabado en nuestras retinas y la playa chica de Quintay en nuestros corazones.

Esto es lo grandioso de los viajes no organizados. A veces el lugar que menos te esperas y al que has llegado casi por casualidad es el que se gana un huequito para siempre en nuestra memoria viajera.

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Atardecer en Quintay
Ballenita Quintay
Ballenita Quintay

14 Comments

  1. Bueno realmente los paisajes marinos son del otro lado del mundo. La mariscada es casi obligatoria en un pueblo costero y las verduras de lo mas apetitosas. Me gusta mucho

  2. Qué recuerdos…. veniros otra vez. Y nos hacemos la carretera austral.

  3. Vale la pena añadir que el Centro de Investigaciones Marinas de Quintay lo pone trabaja gente de Quintay y se sostiene con la entrada que paga la gente. Nada de iniciativa ni – por supuesto – dinero públicos, según nos contaron allí.
    Qué gran sitio, esa playa chica… 🙂

  4. ¡Qué chulo! Me han encantado las casas grattiteadas y, por supuesto, vuestra visita a la playa chica, llena de flora y fauna sorprendentes y preciosos paisajes.

  5. Pingback: Galets con machas a la parmesana | El Caldero de Nimuë

  6. Pingback: Mochileando por Chile. Día 10: Isla Negra y Puerto de Valparaiso. | El Caldero de Nimuë

  7. Martha E.Franco V.

    Hola, la verdad, solo siento envidia, envidia de la buena , qué buén paseo y qué lástima no estar yo con Ustedes, mil gracias por tan generosa página. Un abrazo desde mi Bogotá-Colombia.

  8. Pingback: Mochileando por Chile. Días 15 y 16: Fin de Semana en El Cajón del Maipo y final del viaje. | El Caldero de Nimuë

  9. Buenas! Este finde voy a visitar Quintay y quería saber si me puedes dar algunas indicaciones de cómo llegar a esa calita tan bonita que comentas: playa chica! Apenas encuentro información de ella en internet y no quiero irme sin visitarla! Mil gracias!

    • ¡Hola Teresa! Qué bien saber que vas a visitar playa Chica…¡¡te va a encantar!!
      Para llegar desde Quintay hay que subir de nuevo la cuesta asfaltada de la carretera principal, que baja hasta el pueblo, y estar atentos a un desvío del “retén de carabineros” que hay en el camino. Lo mejor es que en el pueblo, preguntes indicaciones para que no te pierdas, pero recuerdo que no nos costó nada encontrar el desvío.
      No sé si se puede llegar en coche. Nosotros fuimos andando desde Quintay, y no tardamos más de 30 minutos en llegar. Además el paseo es muy agradable, a través de un sendero bien delimitado que cruza el bosque.
      ¡Espero que disfrutes mucho de tu visita a Quintay y a Playa Chica! Y gracias por seguir el blog.
      ¡Un abrazo!

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