Mochileando por Chile. Día 5: Cementerio general y barrio Brasil.

Amanecemos el 5º día ya de andaduras chilenas y decidimos alejarnos un poquito del centro de la capital para desplazarnos hasta la comuna de Recoleta, donde se encuentra el Cementerio General.

Habrá quien se pregunte qué interés puede tener la visita a un cementerio, y supongo que es cuestión de cada uno encontrar interesante la forma en que cada cultura decimos adiós a aquellos que un día llenaron nuestras vidas y caminaron a nuestro lado.

En Europa, al menos los cementerios que he visitado, el ambiente es no solo tranquilo, si no sombrío, triste, gris. En Sudamérica solo hemos visto cementerios a pie de la carretera en Perú, que estaban formados por unas toscas cruces de madera, decoradas con cintas de muchos colores, y este Cementerio General de Santiago, donde nos sorprendió encontrar globos de colores, vulanicos, gente escuchando la radio en las tumbas de sus seres queridos o incluso cantándoles de viva voz.

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Colorista tumba en el Cementerio General

Escuchamos a un guía que acompañaba a un grupo de norteamericanos contar que en Chile es normal celebrar los cumpleaños de los niños fallecidos junto a la tumba de los pequeños, que los familiares llevan regalos, e incluso un pastel, y hablaba de una familia que había dejado invitaciones para el cumpleaños en todas las tumbas de niños de alrededor de las de su hijo. Para nuestra mentalidad son cosas que chocan bastante, pero es una forma distinta de enfrentarse a una perdida tan grande como la de un niño, con la alegría del recuerdo, en vez de con el dolor de la falta.

Otra cosa que nos llamó mucho la atención fue la cantidad de vegetación que sale de las tumbas, como si estuvieran siendo engullidas por la Pacha-Mama. ¿Tumbas olvidadas quizá o otra costumbre extraña?

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Tumbas recubiertas de vegetación

En el cementerio encontramos todo tipo de tumbas.

Desde los típicos nichos a los que tan acostumbrados estamos en España, pasando por tumbas en el suelo marcadas con cruces decoradas de mil formas, y terminando en los mega-panteones que más que tumbas parecen templos. Además de los más variados estilos, (inca-maya, gótico, arábigo).

Otro motivo para visitar un cementerio es visitar las tumbas de personalidades allí enterradas.

En el caso de este cementerio, visitar la tumba del ex-presidente Salvador Allende era un encargo personal que me habían pedido, y así lo hice.

La tumba de Allende se encuentra rodeada de muchos otros presidentes de la república, pero destaca en medio de ellas, con su mausoleo de dos monolitos gemelos guardando las tumbas. Hay polémica sobre si era realmente Allende el que estaba enterrado ahí o no, pero lo importante es que hay un lugar para la memoria.

Sobre las tumbas, hay una lápida donde puede leerse las palabras finales del discurso de Allende durante el golpe de estado y el ataque al Palacio de La Moneda.

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Discurso de Allende

Hay muchas más personalidades enterradas en el cementerio, que también fueron victimas de una manera o de otra de la brutalidad de los regímenes y del odio entre los pueblos. Todos sabemos de la despiadada muerte de Victor Jara o la forma en que se borró del mapa el centro cultural que fue residencia de Violeta Parra y que fue también el lugar donde se quitó la vida.

Nos hubiera gustado visitar sus tumbas y dedicarles unos pensamientos, pero no las encontramos. Por eso voy a dejar aquí este vídeo, de esta canción que me encanta, para quien lo quiera escuchar y parase un poquito a pensar hacia donde vamos. Y mientras escuchas la canción, puedes seguir leyendo el post… 🙂

Se nos había pasado la mañana entera vagabundeando por las calles del cementerio y se nos había echado encima la hora de comer. ¡Y qué hambre teníamos! Decidimos que era el momento de ir a una picá, locales de comidas típicas chilenas que suelen tener un ambiente relajado y buen precio. Y donde suelen servir los famosos terremotos (con sus réplicas) una mezcla de vino dulce blanco, y helado de vainilla que se sube a la cabeza a unas velocidades de vértigo.

Como pensábamos pasar la tarde visitando el barrio Brasil, decidimos ir directamente allí a la picá del Hoyo una de las más famosas de Santiago y que se encuentra en las proximidades de este barrio, y cerca de la estación de San Borja a dónde queríamos ir para preguntar sobre unos billetes de autobús.

La panzá de comer que nos dimos no tiene nombre, aunque quizá fue peor la panzá de beber, ¡o la mezcla de las dos!. Aquí probamos algunos platos típicos chilenos como el lomo a lo pobre (que significa que va encima de una montaña de patatas fritas, cebolla caramelizada y acompañados de dos huevos fritos) y el arrollado, que es un rollo de carne de cerdo guisada y aderezada.  Y por supuesto no faltaron los cuencos de pebre sobre la mesa.

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Pebre

 Nos lo pasamos muy bien en el restaurante, viendo a la gente cantar canciones populares al unisono al son de una guitarra (y luego somos los españoles los que tenemos fama de musicales), y hablando con los camareros, pero entre tantas distracciones, y tanto terremoto, se nos nubló la mente y no nos dimos cuenta de que nos la colaron con la cuenta. Al pagar no le prestamos atención, pero luego sumando el coste de lo que habíamos pedido nos dimos cuenta de que nos habían cobrado mucho más de lo que deberían. Y eso que normalmente hacemos las cuentas mentalmente de lo que va a costar la comida aproximadamente, para evitar estas cosas, pero con el carrete y la tontería, nos la colaron como a turistas que eramos. ¡Qué coraje nos dió! Y lo peor es que no nos dimos cuenta hasta la noche, cuando ya no tenía arreglo, al hacer las cuentas de los gastos del día. En fin, por lo menos lo disfrutamos, aunque nos estafaron.

En fin, en aquel momento, con el estomago lleno y felizmente ignorantes del timo, continuamos nuestro camino, primero hacia la estación central y más tarde hacia el barrio Brasil.

El barrio Brasil fue en el pasado un área de residencia de la clase pudiente chilena, por lo que los edificios que se construyeron reflejaban esa bonanza económica y los estilos de moda en el siglo XIX, como el neogótico.

A  mediados del siglo XX, el barrio entró en decadencia y se abandonaron muchos edificios, por lo que hoy vemos esa mezcolanza de casas al punto de la ruina, con otros edificios estilosos y bien conservados. Algunos de estos edificios se han salvado de la decadencia al convertirse en facultades y edificios de universidades. La verdad es que es bonito perderse por sus calles y curiosear las fachadas.

En fin, de nuevo la noche nos encuentra en la calle, y es hora de bajar a las profundidades de la tierra para tomar un metro que nos llevase hasta nuestro sofá donde caeríamos rendidos de tanto caminar.

No es tarea fácil, sin embargo, pues a ciertas horas, el metro de Santiago puede ser todo un desafío. Lo cierto es que nosotros tuvimos suerte y no llegamos a verlo en su máximo “apogeo”, pero las historias que nos han contado son bastante curiosas.

Lo importante es que conseguimos llegar a casa para descansar y prepararnos para el día siguiente, para el que habíamos pensado nuestra primera excursión fuera de Santiago.

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chile-dia-5 Metro de santiago (by Luisma)

12 Comments

  1. Nunca me había despertado interes ir a los cementerios pero me ha sorprendido tu post ,yendo a estos sitios puedes analizar mucho mas profundamente la cultura de los que han vivido en esas tierras y la forma de añorarles los vivos.

    saludos

  2. Me impresiona que la mitad de la narración la hayas dedicado al cementerio, pero es muy bonito lo que dices. La parte gastronomica me gusta más, aunque emociona menos. Love. Dad.

  3. Uff, qué mezcla de sensaciones, entre el dolor y la rabia de la primera parte (a pesar de la diferente forma de tomarse la muerte y el recuerdo, no puedo dejar de pensar en los muertos por la represión chilena) y la alegría que transmite la segunda parte (dejando el timo como una anécdota para contar…). ¡Mañana mñas! (espero)

    • Esa misma sensación me dio mientras estaba escribiendo la entrada. Pero el tema es que entre un instante y el otro, en la realidad habíamos pasado por varias lineas de metro y varios cientos de metros caminando, por lo que te da tiempo a cambiar el chip y a que se te abra el estómago! 🙂 Gracias por estar ahí!

  4. ¡Qué hermoso es Santiago de Chile! he sentido tal variedad de emociones leyendo este post que no sé ni por donde comenzar a comentar. Primero el cementerio, merece la pena y mucho pasear por allí, es hermoso y colorido y aunque parezca una ironía parece estar lleno de vida. No pude seguir leyendo cuando estaba escuchando “la carta”, mis ojos no podían apartarse de la imágenes, estoy harta de ver las barbaridades que cometemos unos contra otros pero no dejo de sorprenderme de la crueldad del ser humano. Terrible, escandaloso, repugnante, sobrecogedor…. en cuanto al timo, no pasa nada, cuando voy de viaje siempre calculo una cantidad de dinero extra para solventar estas incidencias, yo siempre llevo dinero de más para los posibles “timos”, pero la experiencia del viaje bien vale la pena y para terminar y ya que tenemos blog culinarios…¡Qué platos! ¡Qué gozada! Me alegro mucho de que te lo pasaras tan bien. Abrazos.

    • Querida Sandra. Muchísimas gracias por tu sentido comentario. No era mi intención entristecerte con esta entrada, pero es verdad que son cosas que llegan al alma. En cuanto a los timos, ¡que le vamos a hacer! Por lo menos lo disfrutamos. 🙂 De verdad muchas gracias por pasarte por el blog y dejarme este regalito. ¡Un abrazo!

  5. Yo también soy muy aficionada a visitar cementerios allá dónde voy. Es curioso la forma en la que se toman la muerte los chilenos. Qué fuerte me parece que os hayan timado, a vosotros!! Jejeje. Preciosa la canción.

  6. preciosisimo este capitulo, Gtacias por la visita a Allende has cumplido de alguna manera un sueño de tu mami. Me apetece un monton mojar en la salsita esa que se llama pebre (ya me contaras como se hace). El timo no fue tal solo una mordiditaaaa, forma parte del viaje y en estos paises casi lo esperas en cada restaurante o en cada puesto callejero. Un placer leerte

  7. Pingback: Mochileando por Chile. Día 8: Valparaiso | El Caldero de Nimuë

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