Una semana en París. Día 6. Paseos curiosos (y menos turísticos).

Nuestro último día en París nos lo tomamos con calma.

Nos levantamos más tarde que el resto de la semana, y nos tomamos nuestro tiempo para desayunar y prepararnos para salir. Aprovechamos la situación del hostel, tan cercano a las calles turisticas que rodean el Sacre Coeur para hacer algunas compras de recuerdos para nuestras familias. Nos llamó la atención los grupos de trileros frente a las tiendas, haciendo apuestas obviamente falsas, e intentando enganchar a la gente en algunos casos poniéndoles dos billetes de 50 euros en las manos a los turistas, para tentarlos a jugar.

La verdad es que daba bastante mal rollo el ambiente, por la evidente estafa y la tranquilidad con la que los trileros exhibían grandes sumas de dinero en las manos. Pero con pasar de largo no había más problema.

Cómo ya hemos comentado con anterioridad en otras entradas, el Woodstock Hostel donde nos alojábamos tiene un lock out de 11 a 15 de la tarde para limpiar las habitaciones, con lo cual no podíamos dejar la bolsa de las compras en la habitación. Sin embargo, el muchacho de la recepción se ofreció a guardarnos la bolsa hasta que volviésemos por la noche.

Así que sin compras y sin prisas, con nuestro NaviGo en la mano, nos fuimos hacia el metro para tomarlo hasta la parada de Passy. Nuestra intención era ver el puente de Bir-Hakeim. La curiosidad de este puente reside en que se compone de dos pisos: uno inferior para los peatones y el tráfico y otro superior por donde circula la línea 6 del metro. Las vias del metro están apoyadas en una serie de columnas metálicas. Desde este puente se puede acceder a la Île aux Cygnes donde hay una réplica de la estatua de la libertad (y a la cual no fuimos).

Puente de Bir-Hakeim
Puente de Bir-Hakeim

¿Y por qué el interés de visitar este puente?

Pues resulta que ha sido el escenario de rodaje de películas como “Último tango en París” y “Inception”.

Desde el puente hay algunas tomas interesantes de la torre Eiffel y del río Sena.

Nuestro camino, de hecho continuó a lo largo del río Sena en dirección hacia la torre Eiffel, pero por la orilla contraria. Fue un paseo frío, de hecho comenzó a nevar mientras estábamos a la orilla del río, pero lo recuerdo con mucho cariño pues estábamos lejos de las multitudes y de alguna manera era especial estar allí  paseando.

En la dirección opuesta hay una replica de la Estatua de la Libertad, como hemos comentado, pero igualmente nos encontramos con un barco que tenía una mini-réplica en la cubierta. Otra curiosidad más de este tranquilo paseo.

Torre Eiffel desde la plaza de Trocadero
Torre Eiffel desde la plaza de Trocadero

Ya que estábamos tan cerca, decidimos acercarnos de nuevo a la plaza de Trocadero para despedirnos de la Torre Eiffel bajo la fina aguanieve que caía.

Las manos acusaban el frío, y pensamos en comprar un café para llevar con la intención de calentarnos las manos y el cuerpo a la vez, pero cuando nos acercamos a los puestos de comida, y viendo la hora que era, finalmente decidimos comprarnos un último crêpe callejero al pie de la torre Eiffel (no tan barato como en el barrio latino, pero asumible). De esta manera nos calentamos cuerpo, manos y estómago, y pudimos continuar nuestro camino.

Nuestra siguiente parada era también un escenario de película, o en este caso de libro, pues íbamos a visitar la iglesia de San Sulpice, en St-Germain, a la que se puede llegar en metro bajándonos en una parada que lleva el mismo nombre que la iglesia.

Esta iglesia se ha hecho famosa por su implicación en la trama de “El Código DaVinci” , (aunque yo no he visto peli ni leído libro, mi compañero sí.) En esta historia se hace referencia a la “Linea Rosa” que no deja de ser un peculiar elemento en la iglesia, pues más allá del tema de la película, se trata de un elemento de astronomía en un lugar sagrado. La “línea rosa” es una línea es una tira de bronce que atraviesa la nave central de la iglesia desde una puerta hasta una columnata de mármol en el otro lateral de la nave, que es un calendario astral. De hecho si nos fijamos bien podemos ver símbolos del zodíaco grabados en la columna de mármol. Frente al altar hay un óvalo de bronce, que cuando en un momento concreto del año es tocado por un rayo de sol que entra por un agujero practicado en una de las vidrieras, marca la llegada de la Pascua.

Pero la iglesia no solo merece la pena una visita por la curiosidad astronómica sino por que tanto su interior como su exterior son bastante impresionantes. La fachada exterior nos resultó bastante peculiar, con dos pisos de columnas y unas torres que a primera vista podrían parecer “gemelas” pero que en realidad son disparejas. Conforme se entra a la iglesia, en la primera capilla que queda a la derecha (de los Ángeles) se pueden contemplar dos obras de Delacroix. También veremos unas pilas de agua bendita que son obra del escultor Pigalle.

Continuamos nuestro paseo por el barrio de St-Germain, con rumbo a los Jardines de Luxemburgo. Por el camino pasamos frente a famosos cafés como Les deux Magots con sus dos estatuillas de dignatarios chinos en el interior, o el Café de Flore su friso rebosante de plantas y flores a lo largo de toda su fachada.

Cuando finalmente llegamos al jardín de Luxemburgo, lo primero que hicimos fue hacernos con un par de sillas y sentarnos junto a la fuente Medici a descansar.

Después de un rato allí, reanudamos nuestro paseo por el jardín. Hacia el estante central, donde al igual que anteriormente vimos en las Tullerías, también aquí encontramos niños jugando a empujar barquitos de madera con largos palos. Paseamos por algunos de los senderos, y pasamos por delante de las pistas de tenis y otros deportes. También vimos un grupo de niños montados en ponys, y nos pareció que Frodo estaba saliendo de La Comarca ( 🙂 ). Nos acercamos finalmente a la Orangerie, donde se conservan durante el invierno árboles frutales como naranjos, granados, limoneros, etc, para ser finalmente trasplantados al jardín en primavera.  Antes de marcharnos, nos dedicamos otra paradita en la cual nos tomamos un curioso aperitivo que habíamos comprado en un supermercado. Se trata a parentemente de una bolsa de patatas fritas, pero en su interior lo que encontramos son rodajas fritas de nabo, zanahoria y remolacha. ¡Y están buenos! Aunque pueden ser un poco pesados, por el aceite.

Remolacha, zanahoria y nabo en chips.
Remolacha, zanahoria y nabo en chips. (by Luisma)

Cuando finalmente salimos de los jardines, nos detuvimos un rato en curiosear por la exposición fotográfica sobre la historia del tour de Francia que había instalada en la verja que rodea al parque. Yo no soy muy seguidora de este deporte, y sin embargo las fotografías me encantaron. No sabía que antes los ciclistas se paraban a comer y hasta a darse baños, ni tampoco que llevaban ruedas de repuesto rodeandoles los hombros por si pinchaban. En fin, otra curiosidad más que da gusto encontrarse cuando uno está de visita en otro lugar.

Para entonces el snack que nos habíamos tomado en el parque nos había abierto las ganas de tomar una cerveza, así que tal cual terminamos de ver las fotos, nos giramos sobre nosotros mismos y nos sentamos en el café que teníamos delante, en el único sitio que se quedó libre en la parte exterior cubierta (el frío era muy intenso). Resultó ser un café fundado en 1791, y aunque nos esperábamos una clavada espectacular por las pintas, al final no fue tanto y estuvimos muy agusto. No es el típico sitio que se ajusta normalmente a nuestro presupuesto pero por ser el último día, pues nos dimos el gusto parisién.

Latin Quarter
Latin Quarter.

Nuestra última cerveza parisina, sin embargo, fue de nuevo en el Bistrot de los Artistas, en el barrio latino, y así nos despedimos finalmente del centro de París.

Volvíamos al hostel con el corazón encogiendosenos, con esa sensación de vuelta que aunque desde el principio sabes que tiene que llegar, siempre da una pereza tremenda.

Quedaba todavía preparar las maletas, organizar las conexiones de tren y metro con el aeropuerto de Orly y preparar los sandwichillos para desayunar en el aeropuerto.

De vuelta en casa nos esperaban caras conocidas sonrientes que realmente hicieron MUCHO más fácil la vuelta, aunque el Lunes a las 4 de la tarde había que trabajar.

Todo seguía igual de vuelta a casa, después de haber estado una semana recorriendo calles desconocidas, pero ahora ya sí podíamos decir que “siempre nos quedará Paris” 😉

8 Comments

  1. Qué bonito día para el final del viaje. ¿No es cierto que siempre se enamora uno de la ciudad que visita? Aunque París sí que enamora. Me encanta la foto de las flores con la Torre Eiffel detrás. Gracias por compartir tus experiencias.

  2. ¡Gracias a ti por seguir el viaje! Algún día me tendrás que contar tu experiencia parisina. 😉

  3. Qué final de viaje más chulo, para acabar con buen sabor de boca, paseando ya más tranquilos. Ha sido un viaje y un relato muy bonitos. Gracias por compartirlo con nosotros.

  4. Paco Casares

    Gracias,Rosita, por llevarme a Paris. Seguramente algun dia haré ese viaje que tu sabes que tengo prometido, y utilizaré esta guia que nos has confeccionado. Muchas gracias. T. Q. Dad.

  5. Otra cosa que se puede hacer en Paris es reservar un tour de Bici Taxi. Cyclopolitain propone visitas guiada y caza de tesoro para niños o adultos. Las bicicletas son confortables y los guías son jóvenes muy simpático que pueden compartir con ustedes sus buenos planes de Paris. Solo tienen que reservar sobre http://www.paris-pedicab.com y ellos se cargan del resto. Pueden venir a recogerte a tu hotel si lo pides. Un buen plan a compartir.

  6. Pingback: Una semana en París. Los Preparativos. | El Caldero de Nimuë

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