Una semana en París. Día 3. Barrios de Marais, Pletzl y la Bastilla. El cementerio de Père Lachaise

Amanecía el tercer día en París y nuestros cuerpos empezaban ya a acusar el cansancio (¡definitivamente nos hacemos viejos!). El paseo de hoy no suponía visitar monumentos como el del día anterior, sino simplemente vagar por las calles de estos barrios y empaparnos de la vida parisina. La ruta que seguimos, una vez más, era la sugerida por la Lonely. Aunque por supuesto al final la ampliamos añadiendo una visita al cementerio de Père Lachaise, un paseo por el barrio Latino y una visita nocturna al Moulin Rouge.

Paris. Marais y La Bastilla
Itinerario sugerido por Lonely Planet.

El paseo de la guía comenzaba en el Hotel de Ville, pero como ya lo habíamos visitado no nos detuvimos mucho tiempo en esta zona, y seguimos paseando para adentrarnos en el Pletzl, el barrio judío de París.

Hace 600 años, los judíos fueron expulsados de la ciudad de París, y la comunidad se asentó en el barrio de Marais (entonces fuera de los límites de la ciudad). Poco a poco fue creciendo debido a la inmigración proveniente del este de Europa y el norte de África, y hoy en día se ha convertido en un área caracterizada por sus carnicerías, sinagogas y delicatessens típicas de la cocina judía. Hay un famoso lugar de comida para llevar llamado L’As du Felafel, que estaba cerrado cuando pasamos, porque era muy de mañana pero que según la guía siempre tiene cola a la hora del almuerzo. Realmente había muchas tiendas de comida y cafés, sobre todo con forme nos adentrábamos más en Marais y en general, nos dió la sensación de ser un barrio tranquilo, pero a la vez con mucha vida.

Nuestro paseo nos llevó también ante las puertas de diferentes museos a los que no entramos, como el Museo Carnavalet, el Museo Cognacq-Jay, aunque eran gratuitos, e iglesias como St-Paul u otros lugares de interés como la Biblioteca Histórica de París o el hotel de Sens.

Village St-Paul. Paris
Village St-Paul

También paseamos por el interior del llamado Village St-Paul, una especie de mercado formado por 5 patios de suelos empedrados conectados, llenos de galerías de arte y de tiendas de todo tipo, la verdad es que se podía uno quedar perdido curioseando los escaparates, pero decidimos continuar nuestro camino hasta la Plaza des Vosges.

Esta plaza es un lugar muy agradable para hacer una parada en el viaje, y reponer fuerzas. Nosotros no teníamos preparado sándwich para la jornada porque pensábamos tomarnos un crêpe, pero habría sido un buen sitio para el picnic.

La plaza fue construida en 1612, y es por tanto la plaza más antigua de todo París. Se construyó originalmente con el nombre de “Palacio Real” para celebrar el matrimonio de Luis XIII, aunque los reyes nunca habitaron el pabellón real. El Cardenal Richelieu puso una estatua ecuestre del monarca y poco después se ajardinó la zona.

Ya bien entrado el siglo XIX, Victor Hugo habitó una de las casas de esta plaza, en el Hotel de Rohan-Guéménée (es gratuito visitarla, aunque en esta ocasión tampoco entramos).

Una vez repuestas las fuerzas continuamos nuestro camino a lo largo de el Boulevard de Beaumarchais hasta llegar a la plaza de La Bastilla. La Bastilla era en realidad una fortaleza del siglo XlV, de la que no queda nada. Esta “bastilla” o fortaleza defendía la puerta de entrada a la ciudad en esta zona, pero fue transformada en una temible prisión por el Cardenal Richelieu. El famoso episodio de la Toma de la Bastilla se produjo en 1789 y es considerado como el inicio de la revolución francesa. También fue este el lugar donde se instaló la guillotina durante un tiempo, una vez que se había derribado la fortaleza, y donde Napoleón quiso construir un monumento con forma de elefante del que sólo queda la base circular de la fuente. Finalmente se construyó la columna con la estatua del genio de la libertad en la cúspide, y que pretende ser un símbolo de la Justicia. Justo en frente de la plaza de la bastilla se encuentra la Ópera Bastilla, construida sobre la antigua estación de trenes en los años ochenta.

Nuestro paseo por la Bastilla terminó en Viaducto de los artistas y el Promenade Plantée, (el paseo plantado) en mi opinión un acto ejemplar de aprovechamiento y reciclaje urbanístico. Las antiguas vías del tren, en desuso, fueron convertidas en los años 70 en un parque lineal que se extiende hasta las afueras de la ciudad. Bajo él, una serie de galerías de arte con escaparates semicirculares que simulan las arcadas de un puente.

Y hasta aquí llegó nuestro paseo por estos barrios. Aunque lejos de hacer una parada para comer, decidimos tomar el metro hasta Père Lachaise para visitar el cementerio parisino donde descansan personajes como Oscar Wilde, Edith Piaf, Géricault o Jim Morrison entre muchísimos, muchísimos otros conocidos y desconocidos. El silencio, el frío, y la luz del sol que se volvió a ocultar tras las nubes nada más llegar nosotros le daba al lugar un aspecto de decadencia, y olvido que luchaba con la grandeza de alguna de las tumbas, como contraste entre la vida y la muerte. Entre los que todavía rondamos por encima de los caminos de adoquines y los que descansan ya bajo la tierra. Es un paseo agradable y melancólico pero que de alguna manera te deja una sensación de paz.

Para los que ya habéis estado aquí anteriormente, os sorprenderá ver que han vallado las tumbas más visitadas como la de Jim Morrison, y lo más impactante: El gobierno Irlandés en el 2011 “restauró” la tumba de Oscar Wilde, borrando todos los besos que cubrían la tumba y rodeándola de un cristal. Yo no tuve la oportunidad de verla en su anterior estado, así que no puedo opinar, pero mi compañero me decía que solía ser la tumba más bonita del cementerio y que ahora era simplemente una más.

Paris. Pere Lachaise
Queso y Crêpes en Père Lachaise

Tanto pasear entre los muertos nos debió recordar que estábamos vivos, pues de pronto nos dimos cuenta de que se había hecho bastante tarde ya, y que no habíamos comido nada desde bien temprano en la mañana.

Decidimos entonces darnos nuestro primer mini-homenaje, justo enfrente del cementerio nos sentamos en un café a descansar las piernas, y a descansar del frío y a tomarnos un crêpe y un plato de queso. ¡Por supuesto con una cerveza!

¿Termina aquí nuestro día?

¡Ni hablar! Es momento de volver a hacer uso del NaviGo y saltar al

Panteón. Paris
Panteón

barrio Latino a por unas pintas a 3€ en el Bristrot des Artistes y ya que estamos, porqué no, pasear por los alrededores del Panteón, al que no entramos de pura reventaera que llevábamos encima, y eso que era gratis porque estaban de obras. (A estas alturas, mi rodilla pirenaica había vuelto a hacer su aparición, aunque por suerte las molestias duraron sólo un par de días y después desaparecieron).

En realidad, antes de pasar por el Panteón, nos dirigimos al Museo de Escultura al Aire Libre, junto al Sena, que como “museo de escultura” nos decepcionó un poco, pero como paseo a la orilla del río nos encantó. Además nos regaló estas vistas de Notre Dame.

Notre Dame desde la Tournelle
Notre Dame desde la Tournelle

Nuestro paseo nos llevó a pasar por la puerta del Instituto del Mundo árabe con sus paredes de cristal y por la universidad de La Soborna donde la vida de estudiante se podía respirar en la calle. Nuestros cansados pasos nos llevaron la calle des Anglais hasta el Bristot des Artistes donde dejamos que cayera la noche charlando, y descansamos lo suficiente como para emprender el camino de vuelta a Montmartre. Justo al lado del bar está la parada de metro de Maubert-Mutualité, y lo que hicimos fue bajarnos en Blanche para ver el Moulin Rouge por la noche.

París. La Nuit.
París. La Nuit.
Moulin Rouge. La Nuit.
Moulin Rouge. La Nuit.

Y finalmente llegamos al hostel, con las fuerzas justas para hacernos una sopa de sobre y acostarnos en nuestras literas a reponer fuerzas para el paseo del día siguiente: El Arco del Triunfo y los Grandes Bulevares.

5 Comments

  1. Este paseo me resulta menos familiar. Recuerdo que una de las veces que visité París, con el instituto, fuimos al Cementerio, y recuerdo vagamente haber paseado por los otros barrios, pero aparece todo un poco difuminado en mi mente, quizás por lo espectacular de otras partes de la ciudad.

  2. Ohhhhhh, cómo me gustan los paseos por los cementerios…. y este parece espectacular. Si alguna vez vuelvo a París, tengo que visitarlo.

  3. Aquí otra fan de los cementerios con encanto 😀
    Precioso el paseo, guapa. Y las fotos de la comida me han matado (aún no he comido yo) Sobre todo el plato de queso…. ummmmmm

  4. Pingback: Una semana en París. Los Preparativos. | El Caldero de Nimuë

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