El Valle de Arán

Para ir desde Boí al siguiente campamento base, que resultó ser la Guingueta d’Aneu, teníamos dos opciones. Volver sobre nuestros pasos hasta el Campament de Tor (me encanta ese nombre 😛 ) y después tomar la N-230 hacia el norte, y luego la C-28 hacia el Este, o en el Campamento de Tor virar hacia el Sur y tomar la N-260 subiendo luego por la C-13. La chica del punto de información de Aigüestortes fue muy amable explicándole a mi compañero todas las opciones. Y aconsejó la segunda opción si íbamos con prisa y la primera si queríamos ver algo bonito, e íbamos cargados de paciencia, pues es una ruta transitada por muchos camiones y que está de obras, por lo que hay semáforos de paso en muchos puntos.

Finalmente, nos decantamos por la del Norte, siempre en busca de aventuras, y lo cierto es que nos alegramos muchísimo, porque la carretera es una preciosidad.

Vistas desde la C-28
Vistas desde la C-28

La carretera discurre por el Valle de Arán, y se pasan por sitios tan emblemáticos como Baqueira y sus estaciones de esquí. Conforme te acercas a esa zona, la carretera ya no está en obras, sino perfectamente acondicionada. Como dijo mi compañero, se nota que por aquí viene el rey. No llegamos a entrar a la población, pero la verdad es que cuando escuchaba el nombre de “Baqueira” en la cabeza, lo que me venía a la mente era bastante más feo que lo que allí vimos.

¡Hasta luego Lucas!
¡Hasta luego Lucas!

La carretera C-28 va atravesando el Valle de Arán y ofreciéndonos vistas de las maravillas que encierra el valle, como por ejemplo el camino que discurre paralelo a la carretera durante un buen trayecto, solo que abajo en el valle. Las vistas desde arriba son espectaculares, pero caminar la senda por abajo tiene que ser también una gozada.

No puedo daros información sobre qué senda es la que estoy tratando de describir, pero probablemente sea parte del GR- 211, sendero de gran recorrido que circunvala el valle de Arán.

En cualquier caso en la web del valle de Arán tienen un apartado dedicado a las distintas opciones que tenemos para practicar el senderismo por la zona, con rutas clasificadas según la dificultad, o si vamos solos o en familia. Si tenéis pensado visitar este área merece la pena echarle un vistazo porque aunque no sea parque la zona es muy bonita.

El Valle de Arán desde la carretera
El Valle de Arán desde la carretera

Igualmente, si uno tiene pensado pasar un tiempo explorando esta zona, hemos de saber que el centro neurálgico por así decirlo de la región es la localidad de Vielha.

Vielha
Vielha

Nosotros no lo utilizamos más que para echar gasolina y continuar nuestro camino, pero es un núcleo turístico con todo tipo de servicios, y además tiene un casco histórico con casas medievales así como diferentes iglesias con estilos que van desde el románico al gótico.

Nos llamaron la atención los bloques de pisos con techado de alta montaña, que le daban un carácter diferente a la ciudad.

Vielha (o Viella) está a unos 14 kilómetros de Baqueira, y unos 10 kilómetros más alante, después de una serie de curvas de horquilla está la estación de esquí de Bonaigua, donde sí que paramos a estirar las piernas y a asomarnos al barranco pasando por debajo de los telesillas.

Estación de esquí de Bonaigua
Estación de esquí de Bonaigua

Llama la atención ver este tipo de cosas así en verano, donde parece que están un poco fuera de lugar y que no tienen mucho sentido. La quietud y el silencio que hay ahora en los meses estivales hacen que imaginarse el ruido y el bullicio que habrá aquí en invierno sea casi imposible.

Una vez que pasamos por debajo del telesilla, las vistas son espectaculares, como también deben serlo en invierno…

Vistas desde la estación de Bonaigua
Vistas desde la estación de Bonaigua

Una vez que pasamos el puerto de Bonaigua, comienza el descenso, con una serie de curvas cerradisimas, pero con buena visibilidad, ya que vas bajando al valle, y con una carretera ancha y bien asfaltada. Sin embargo, no está exenta de peligro pues encontrábamos el asfalto tomado por el ganado a cada paso, y tanto estiércol en la carretera que casi nos daba miedo resbalar 🙂 .

Ganado en la C-28
Ganado en la C-28

En definitiva, una zona por la que simplemente pasamos de largo, ya que desde el principio teníamos en la cabeza visitar los parques, pero a la que sin duda le dedicaríamos más tiempo si volviésemos otra vez a visitar la zona.

Finalmente llegamos a nuestro destino en la Guingueta d’Aneu. No teníamos pensado parar allí exactamente, pero por la carretera vimos un camping que tenía pinta de ser pequeño, viejo, y barato. Camping Vall d’Aneu. Justo lo que estábamos buscando. De echo, resultó que el camping estaba prácticamente vacío, y que no era un camping para tiendas, aunque nos dejaron acampar, sino para caravanas y carromatos que se tiran allí el año entero aparcados, aunque se ocupan solo en los meses estivales. El camping efectivamente era pequeño, pero nos trataron la mar de bien. Incluso nos prepararon los bocadillos para la excursión del día siguiente.

Camping la Guingueta d'Aneu
Camping la Guingueta d’Aneu

Al pasar por la carretera cruzando el pueblo, nos encontraremos antes con un camping mucho más grande y moderno, pero nosotros decidimos probar suerte con el segundo. Y mereció la pena porque el trato fue muy personal, los baños estaban impecables, y nos dejaron usar la wifi que llegaba al camping de su domicilio particular.

Además en este camping tuvimos una experiencia que será difícil de olvidar en un tiempo. (No, no estoy hablando de sexo 😛 ) Me refiero a nuestra primera tormenta pirenaica chispas durmiendo en una tienda de campaña.

Yo no me podía dormir debido al dolor en la rodilla y pierna, (y un poco también por hambre, porque la cena en el hotel Cases del pueblo había sido un desastre). Habíamos visto por internet que había avisos de tormenta para el día siguiente, pero parece ser que se adelantaron, y los truenos no se hicieron mucho de rogar.

Al principio los escuchaba solo en la lejanía, e intentaba tranquilizarme contando el tiempo entre la luz y el sonido, convenciéndome de que estaba lejos, aunque estremeciéndome al escuchar el valle retumbando entero con cada estallido. Pero los tiempos cada vez eran más cortos, y el sonido más atronador. En el interior de la tienda se hacía de día, de forma que incluso podía ver la cara de mi compañero que dormía a mi lado. La verdad es que en esta tienda todavía no nos había llovido, porque ha sido más de desierto de Almería y de playas de Portugal que de montaña, así que empecé a rallarme de verdad y finalmente, desperté al que no se daba por aludido con los reclamos de Thor. Y entonces, llegó la lluvia. Al principio sólo se escuchaba caer en el coche, (que por cierto quedó bien limpito, y mira que iba recubierto de mierda desde Andalucía) y entonces nos dimos cuenta de que la tienda estaba en realidad protegida por un árbol. Eso era una buena noticia con respecto a la lluvia, aunque quizá no tan buena con respecto a los rallos. Pero el árbol pudo aguantar la lluvia sólo un rato, y al cabo de cinco o 10 minutos el agua empezó a salpicarnos en la cara. Sin embargo tuvimos suerte, pues la tienda no caló por debajo. Al cabo de unos 40 minutos o más, por fin parecía que la tormenta se alejaba por otro de los valles, y finalmente, la lluvia también cesó. Salimos de la tienda para intentar ir al baño, pues de la tensión y el frío ya no nos aguantábamos, pero resultó que el camino era una piscina de barro y agua, impracticable. Nos pareció que incluso tendríamos problemas para sacar el coche al día siguiente. Sin embargo, cual fue nuestra sorpresa al despertar, que cuando salió el sol del todo, empezó a calentar con fuerza, tanto, que se veía humito saliendo de la tienda. Me encargué de ponerla a secar por todas las caras y en todas sus capas, y la pudimos guardar seca (menos mal, pues era el último día de camping, y nos la tendríamos que haber traído mojada). Y con las mismas el agua del camino ascendió a los cielos y debe estar sentada a la derecha de alguna trueno ríendose del sustillo que nos hizo pasar, porque de los charcos no quedaban mas que el agujero.

En fin, que ahora nos reímos y además nos sirvió para saber que la tienda aguanta bastante bien el agua, que cayó a mantas, pero en aquel momento el tormentón consiguió quitarnos el sueño durante un buen rato. Cuando finalmente pasó, nos dormimos pensando en la suerte de que no nos hubiera pillado esa mañana en Aigüestortes, ni luego después en carretera, ni al día siguiente en la última excursión. Así que en realidad vino cuando mejor podía venir.

Valle de Arán
El Valle de Arán

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5 Comments

  1. esta claro que lo vuestro es la aventura, y tambien el pasar hambre porque en estos viajes no esta de mas llevar un paquete de galletas o unas chocolatinas (por lo del bajon de azucar) y creo que sois enemigos de llevar algo de comer en la mochila. Las fotos como siempre superlativas. Y me ha dado asquillo pensar en el coche resbalando en la mierda de caballos y vacas…… anda que si teneis que poner cadenas…je je

  2. Esta zona la recuerdo yo con nieve y llena de gente, jejeje. ¡Lo de la tormenta tuvo que ser de película!! Otra historia más que contar. ¡Me encantáis!!

  3. Jaja, lo de la lluvia, toda una experiencia. Si es en la autocaravana y me rallo cuando llueve por el chisporroteo de gotitas en el techo, ya en la rienda y con rayos y todo, ni te cuento 😉

  4. ¡¡Qué emocionante la tormenta!!
    Bueno, creo que hasta aquí puedo leer por hoy. Tq

  5. Pingback: 10 cosas que ver y hacer en los Pirineos | El Caldero de Nimuë

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