Ruta: Escuaín – Miradores de O Castiello – La Valle – Puente de los Mallos – Escuaín

CONTEMPLANDO AL QUEBRANTAHUESOS

Nuestro tercer día en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido tenía como escenario el sector de Escuaín. Se trata de uno de los valles más pequeños de los que componen el parque, y quizá uno de los menos visitados. Sin embargo, Escuaín alberga varias riquezas naturales: un excepcional complejo de cuevas y simas, en especial en la zona de Gurrundué, un extenso bosque mixto en la ladera norte de Castillo Mayor y una riqueza faunística de excepción, entre la que sobresale el quebrantahuesos.

La Garganta del río Yaga desde el pueblo de Escuaín
La Garganta del río Yaga desde el pueblo de Escuaín

El río Yaga al recorrer el Valle de Puértolas, va dando forma a un intrincado barranco rocoso lleno de vegetación. Paraíso natural donde vive el quebrantahuesos y al que es fácil divisar.

Nosotros en este caso nos decantamos más por el quebrantahuesos que por el atractivo espeleológico, aunque la garganta en sí es merecedora de contemplar aunque sea desde las alturas.

La carretera que lleva a Escuaín es estrecha, serpenteante, y bastante bonita. No caben dos coches juntos en la mayoría de los puntos, pero hay apartaderos de vez en cuando donde hacer un poco de equilibrio con el coche si uno tiene la (mala) suerte de cruzarse con alguien en esta carretera. A la ida nos pareció más peligrosa que a la vuelta. Con ir despacito y atento en las curvas a un posible cruce, se puede hacer bien.

Escuaín es en realidad una localidad deshabitada, aunque no por ello hemos de decir abandonada. Nosotros observamos cómo algunas casas tenían ropa tendida en los patios, señalando que sus habitantes veraniegos estaban aún en el pueblo. Otra cosa que llama mucho la atención del pueblito es la cantidad de gatos que hay. ¡Me encantó!

Escuaín dispone de un punto de información sobre este sector del parque nacional, con preciosas fotografías del quebrantahuesos y otras joyas del parque. En esta oficina ya sí nos indicaron que el comedero del quebrantahuesos se encuentra en la zona de La Valle, y hacia allí nos dirigimos. Aunque no nos indicaron qué día tocaba el aporte, con lo que finalmente nos quedamos con la duda.

Itinerario ruta Escuaín - La Valle
Itinerario ruta Escuaín – La Valle
Vistas desde uno de los miradores de Escuaín
Vistas desde uno de los miradores de O Castiello.

Pero antes de tomar este camino nos dimos un paseo por los tres miradores que tiene el pueblo, para ver la garganta desde esa perspectiva. Es un paseo simple y llano que apenas lleva una media hora (incluyendo el rato de echar fotos y mirar al horizonte) y que sirve bien como calentamiento, y las vistas merecen la pena.

Una vez terminado el calentamiento, nos dirigimos a la senda que lleva hacia La Valle. Se trata de una ruta de unas 4 horas y media (ida y vuelta), que parte desde la entrada al pueblo por una pista forestal cerrada al tráfico. Si se quiere seguir esta ruta, hay que tener cuidado de no tomar la GR-15 que va subiendo por las lomas circundantes. La ruta tiene un desnivel de unos 300 metros, con una pendiente medianamente suave pero constante, (un machaca rodillas en la bajada, vamos) que empieza, tras pasar una barrera, siendo una ancha pista forestal por donde uno va bastante al descubierto, y algo alejados de la garganta en sí. Lo grandioso es que desde recién empezada la ruta el cielo se ve cruzado de rapaces a cada poco. Vimos un par de águilas y algunos buitres leonados, pero aunque nos había parecido ver también algún quebrantahuesos estaban demasiado lejos para estar seguros.

Casa de pastores
Casa de pastores

A lo largo de la ruta nos encontramos bastante explanadas en donde el bosque ha cedido paso a la mano del hombre y donde encontramos preciosas casitas de piedra en medio de un prado para el ganado. En una de estas explanadas fue donde hicimos nuestro primer descanso, para sentarnos al borde de la garganta y observar el vuelo de nuestra primera pareja de quebrantahuesos. Yo estaba tan extasiada con la majestuosidad del animal que hasta me olvidé de la cámara. Y cuando uno de ellos soltó unos huesos para romperlos contra las rocas, casi se nos escapa una lagrimita. En un momento dado se acercaron bastante y con el teleobjetivo de la cámara de mi compañero, tuvimos la suerte de poder hacer algunas capturas nítidas.

Quebrantahuesos
Quebrantahuesos (by Luisma)

Conforme seguimos avanzando por estos primeros 6 kilómetros de la ruta vamos pasando por algunas zonas donde el bosque es algo más cerrado, y aunque nos priva de poder mirar al cielo en busca de más señores del aire lo cierto es que se agradece, pues el calor empieza a ser agobiante.

Arbol seco
Árbol seco

El camino es bastante tranquilo y bien marcado, y a penas nos encontramos a unos pocos grupos de personas haciendo la misma senda.

Nos vamos acercando poco a poco a la zona de La Valle y las vistas del Circo de Gurrundué son espectaculares, con o sin rapaz en el cielo.

Circo de Gurrundué
Circo de Gurrundué

Asi mismo cuanto más nos acercamos a La Valle, más fuerte oímos los cencerros del ganado y poco a poco van haciendo su aparición.

Vaquitas en La Valle
Vaquitas en La Valle
Mariposa montañera
Mariposa montañera

Una vez llegados a La Valle nos paramos un rato a observar la cantidad de aves que hay sobrevolandonos, y a rumiar un poco con el ganado, pero como no era muy tarde, decidimos no para y llegar ya al puente de los Mallos.

A esta altura estamos ya en el mismo río, pero como ahora en Agosto no hay casi agua, lo cruzamos sin problema.

De alguna manera no veo el indicador de piedrecitas que marcaba el camino, aunque era bastante evidente, y damos un poco de rodeo, aunque merece la pena porque es todo muy bonito.

Volvemos sobre nuestros pasos y finalmente llegamos al puente de los Mallos, que da un poco de vértigo pues es una plancha en retícula y da la sensación de que estás flotando sobre la garganta del río.

Comemos un poco más adelante, en una sombra boscosa, y emprendemos el camino de regreso. Aunque esta vez si nos detenemos más tiempo en La Valle y pasamos un buen rato fotografiando todo lo que se mueve. 🙂

(by Luisma)

Y a lo que no se mueve…

El regreso es incómodo, por la constante bajada, pero lo hacemos mucho más rápidamente que el ascenso, y sin darnos cuenta estábamos de vuelta en Escuaín. Una vez más, no nos hubiera importado subir hasta Cuello Viceto, pero para eso habría que estar más preparados físicamente. Quizá si somos constantes y no nos afofamos de nuevo en nuestra rutina la próxima vez que pisemos el pirineo seremos comekilometros, en vez de los kilómetros comernos a nosotros. 🙂

7 Comments

  1. Bueno las fotos son una verdadera delicia, las caminatas creo que una verdadera paliza y el relato un verdadero encanto. oye recuerdas que eres alergica a los gatos? je je 🙂

  2. ¡Precioso! Oye, que os metisteis una buena excursión (día tras otro…), no te quejes… y además, hay que dejar cosillas par que te queden ganas de volver 🙂

  3. ¡Cuánta fauna!! Un lugar precioso!! A mí me hubiera echado para atrás la carretera, jejeje.

  4. Impresionantes fotos, sobre todo la del quebrantahuesos de Luisma, debió ser un momentazo.
    También me encanta la de la bota. Muy representativa de vuestro viaje 😀

  5. Preciosas fotos – me gustan todas!

  6. Pingback: 10 cosas que ver y hacer en los Pirineos | El Caldero de Nimuë

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